Células estaminales humanas autólogas y trasferencia de núcleo

Aspectos científicos y éticos


El estudio de las células estaminales sigue estando rodeado de un notable interés científico y clínico así como de un amplio debate público sobre sus implicancias éticas, sociales y jurídicas. Estas células - que son capaces de auto-renovarse en cultivo y no están especializadas para desarrollar una función única y definitiva dentro del organismo, sino que son todavía relativamente indeterminadas y potenciales - representan la fuente celular natural de la cual se forman todos los tejidos del cuerpo durante el desarrollo. A través de ellas dichos tejidos pueden renovarse cuando sea necesario hacerlo, en algunas situaciones fisiológicas o patológicas, sustituyendo las células que ya no sean funcionales. Los aspectos técnicos y las perspectivas terapéuticas, así como las cuestiones antropológicas y morales suscitadas por esta importante área de investigación biomédica contemporánea, han sido ya tratados anteriormente (ver L'Osservatore Romano, edición en italiano del 11-12.09.2000, p.10 y del 16.09.2000, p.9). Sin embargo, la rápida evolución de los estudios en materia de identificación, caracterización biológica y manipulación de varios tipos de células estaminales animales y humanas, además del planteo de nuevas hipótesis sobre la producción de las llamadas células "autólogas" (inmunológicamente compatibles con los tejidos del paciente), nos sugiere retomar nuevamente el argumento con el fin de hacer una puesta al día de los conocimientos actuales y de precisar los criterios que permiten calificar moralmente algunos nuevos avances en las investigaciones científicas que han sido expuestos recientemente. Tal calificación moral - que caracteriza todos y cada uno de los actos humanos (cfr. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 1, a. 3) - encuentra sus fuentes en el objeto mismo de la investigación, escogido racionalmente por el investigador; en el fin que la investigación se fija previamente (en cuanto primer término de la intención del investigador); y en las circunstancias en las cuales ella se desarrolla (donde están incluidas las consecuencias previsibles de la experimentación). (Cfr. Summa Theologiae, I-II, q. 18; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1750-1754; Carta Encíclica Veritatis Splendor 74-83).

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Durante los últimos meses del año que acaba de concluir, han aparecido en la literatura científica internacional finos estudios sobre las células estaminales provenientes de tejidos adultos los cuales muestran cada vez con mayor riqueza de evidencias experimentales la extraordinaria plasticidad intra-germinal de estas células (pluripotencialidad para la diferenciación hacia líneas celulares de la misma capa germinal); su insospechada capacidad de transdiferenciación inter-germinal (derivación de líneas celulares pertenecientes a otra capa germinal); la posibilidad de cultivarlas in vitro e in vivo, expandirlas e incluso modificarlas genéticamente, (por la inserción de un gen mediante vectores virales); y en fin, su disposición a injertarse en el tejido dañado de un órgano. En el presente artículo sólo daremos espacio a algunos de estos muy recientes resultados que confirman la competitividad epigenética de las células estaminales de tejido adulto (ASC, Adult Stem Cells) respecto a las embrionarias (ES, Embryo Stem Cells) y su postulación válida para usarlas en la terapia celular (transplantes autólogos o heterólogos) y en la terapia genética somática. Kenneth W. Liechty et al. (Nature Medicine, noviembre 2000, 6: 1282-286) han mostrado en un modelo xenogenético (una oveja) que las células estaminales mesenquimales humanas (HMSC, Human Mesenchimal Stem Cells), aisladas de la médula ósea de adultos - y de las cuales ya se sabía que característicamente son capaces de diferenciarse tanto in vitro como in vivo para dar origen a diferentes tejidos - están en grado de injertarse en diferentes lugares del organismo y de proceder a diferenciaciones celulares lugar-específicas que incluyen, condorcitos, adipocitos, miocitos y cardiomiocitos. Según el investigador estadounidense, "la célula estaminal hematopoiética es más pluripotente de cuanto hasta ahora habíamos pensado", y su estudio documenta "la potencialidad de estas células para los transplantes, la terapia genética y las aplicaciones de la ingeniería histológica" (p. 1285). En un trabajo aparecido en el mismo número de Nature Medicine (pp. 1229-1234), Eric Lagasse et al. muestran cómo las células estaminales hematopoiéticas (HSC) de la médula ósea están en grado de generar hepatocitos en el roedor, y puedan también ser usadas para corregir una grave enfermedad del hígado, la tirosinemia hereditaria tipo I. Comentando éste y otros resultados, Stuart H. Orkin (Cancer Institute, Harvard Medical School, en Boston) observa que "los investigadores se dan cuenta ahora que la plasticidad de desarrollo no está limitada al ambiente embrionario" (Nature Medicine, noviembre 2000, 6: 1212-1213, p. 1212), y que "si bien el completo potencial de desarrollo de las células estaminales tomadas de tejidos todavía debe ser descubierto, podemos estar seguros de una cosa: sin duda les esperan ulteriores sorpresas a los investigadores de las células estaminales" obtenidas de tejidos (ibid p. 1213). La observación del mismo Orkin respecto a que "el potencial terapéutico de dichas células puede ser ampliado notablemente usufructuando los métodos de transferencia de genes, superando quizá de esa manera los obstáculos que nos separan de la terapia genética somática" (ibid p. 1213), encuentra una confirmación preciosa en investigaciones posteriores hechas sobre células estaminales de adulto. Entre ellas recordamos los brillantes estudios sobre la corrección de los genes mutantes en cultivos de células estaminales hematopoiéticas a través de la recombinación homóloga (S. Hatada et al., Proceedings of the National Academy of Sciences USA, diciembre 2000, 97: 13807-13811); sobre la transducción de células estaminales mesenquimales mediante vectores retrovirales anfotrópicos con miras a posibles terapias genéticas basadas sobre la transferencia de genes (J.D. Mosca et al., Clinical Orthopedics, octubre 2000, 379: S71-S90); y sobre las perspectivas de las células estaminales epidérmicas como promisorios targets de la terapia genética (reseñada en F.M. Watt, Human Gene Therapy, noviembre 2000, 11: 2261-2266). A estos resultados se agregan: el descubrimiento - por parte de un grupo de investigadores italianos - de que las células estaminales nerviosas de ratón y humanas - hasta ahora consideradas capaces sólo de diferenciarse en neuronas, células gliales y células hemáticas - si es que son expuestas a señales epigenéticas apropiadas, están en grado producir miotubos esqueléticos in vitro y también in vivo, en el caso de ser injertadas en animales adultos (R. Galli et al., Nature Neuroscience, octubre 2000, 3: 986-991); la preparación de una técnica para el aislamiento directo - a partir del sistema nervioso central de fetos abortados - de células clonogénicas en grado de expandirse in vitro, de diferenciarse en neuronas y células gliales y de injertarse, proliferar, migrar y diferenciarse en el cerebro de ratones inmunodeficientes (N. Uchida et al., Proceedings of the National Academy of Sciences USA, diciembre 2000, 97: 14720-14725); la capacidad de las células estaminales medulares, demostrado en un modelo animal, de migrar al cerebro y diferenciarse en células que expresan antígenos específicos de las neuronas (E. Mezey, Science, diciembre 2000, 290: 1779-1782). Cuanto se ha recordado hasta aquí - y otros estudios no mencionados dada la extensión del presente artículo - muestra que la previsión realista de la viabilidad y la fecundidad de la investigación de las células estaminales de tejidos adultos y fetales no encuentra oposición en los resultados más recientes y científicamente acreditados por revistas internacionales de prestigio; más aún, quizá saldría reforzada en la perspectiva de que un día, ya no tan lejano, se podrán ver las primeras aplicaciones clínicas de estos estudios a favor de innumerables pacientes afectados de graves enfermedades metabólicas, neurológicas, musculares, cardiovasculares, neoplásicas, además de otras. Eso respalda lo dicho por el Santo Padre algunos meses atrás, con una indicación plenamente accesible a la razón: "La ciencia permite entrever otras formas de intervención terapéutica, que no implican ni la clonación ni la extracción de células embrionarias, siendo suficiente para tal fin la utilización de células estaminales tomadas de organismos adultos. Esta es la dirección por donde deberá avanzar la investigación si quiere respetar la dignidad de todo ser humano, incluso en su estadío embrionario". (Juan Pablo II, Discurso al XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes, Roma 29 de agosto 2000; en L'Osservatore Romano, edición en italiano, 30 de agosto 2000, p.1). La elección de esta línea de investigación positiva parece ser por tanto técnicamente válida y a la vez científicamente competitiva - en el marco de las perspectivas clínicas de la terapia celular y de la terapia genética somática - respecto a aquella que contempla el recurso a las células estaminales embrionarias; ella resulta además moralmente aceptable, asegurada la no complicidad con los procedimientos abortivos que llevaron a la muerte del feto del cual se toman de células estaminales, y excluido, en el caso de donantes adultos, el riesgo excesivo para el voluntario, que además debe haber expresado "en modo consciente y libre su consenso" (Juan Pablo II, Discurso cit., p.5). La voluntad deliberada del investigador - que está llamado a escoger como objeto de su propia actividad de investigación lo que es "conforme con el bien de la persona en el respeto de los bienes moralmente relevantes para ella" (Carta Enc. Veritatis Splendor, 78) - no podrá no referirse primeramente hacia aquella vía de investigación cognoscitiva y de desarrollo biotecnológico que prevé el aislamiento y la manipulación de las células estaminales humanas del adulto, del cordón umbilical y del feto abortado, con las advertencias que hemos recordado líneas arriba. Por el contrario reservará la experimentación con células estaminales embrionarias exclusivamente a aquellas de origen animal, con el fin de recabar la información genética y citológica necesaria para los propios estudios. A la luz de actual estado de las cosas y en consideración de las implicancias negativas que la vía alternativa tendría (experimentación directa sobre células estaminales embrionarias humanas, con la consiguiente destrucción de embriones humanos en el estadío de blastocisto), la elección arriba indicada parece como una determinación racional de la moralidad en el quehacer del investigador. Sin reconocer la legitimidad y la necesidad de tal determinación racional de orden práctico, sería imposible ponerse de acuerdo sobre alguna normativa, determinada desde el punto de vista del contenido y vinculante sin excepciones, de la investigación científica; y eso iría e detrimento del bien común y del respeto de los derechos fundamentales de los seres humanos, entre los cuales está en primer puesto el derecho a la vida. La racionalidad del acto de la investigación - desde el punto de vista de la elección de un bien a conseguir (objeto de la razón práctica) - tiene como premisa la incidencia de la moralidad en la dinámica del conocimiento o de la honestidad intelectual, que lleva a honrar la realidad objeto de estudio, según todos los factores que se pueden conocer de ella, más que la idea acerca de ella desde la cual se ha partido al inicio de la investigación.

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Uno de los aspectos más relevantes de la investigación científica y de la práctica clínica de los injertos de tejidos y de los transplantes de órgano es el conocido fenómeno inmunitario conocido como "rechazo": el organismo del paciente no reconoce como "propio" el órgano o los tejidos transplantados debido a una heterogeneidad citológica que tiene su origen en una diferencia genómica entre las células del donante y las del receptor del trasplante o injerto. En razón de esta dificultad frecuentemente documentada por la experiencia de los trasplantes "clásicos", una parte de los investigadores que trabajan con células estaminales ha concentrado su interés en la posibilidad de obtener cultivos de células estaminales autólogas (o sea reconocibles como "propias" por parte del organismo del paciente) mediante las cuales derivar, (por diferenciación celular in vitro o in vivo), a células destinadas a reparar las lesiones histológicas. Ya que la cuestión de la compatibilidad inmunológica atañe tanto a las células estaminales de tejidos adultos o fetales como a las de origen embrionario, los investigadores han diseñado posibles procesos que llevarían a la obtención de células autólogas. En el primer caso - el de las células estaminales de origen no embrionario - las más acreditadas y menos complicadas posibilidades con las que se puede contar hoy parecen ser dos: (1) la toma de células multipotentes provenientes del cordón umbilical en el momento del parto, que después son crioconservadas (S.J. Fasouliotis y J.G. Schenker, European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology 2000, 90: 13-25), quedando a disposición para una eventual terapia celular contra patologías surgidas en el individuo en edad pediátrica o incluso adulta (como por ejemplo, algunas formas de leucemia); (2) la toma de células estaminales de los tejidos del paciente que necesita el transplante, el posterior cultivo in vitro y diferenciación o transdiferenciación (tanto intra- como inter- germinal), y su injerto en el cuerpo del mismo paciente, como sucede en el caso más simple - experimentado hace ya diez años - del auto-transplante de células del sistema hematopoiético (N. Saba, R. Abraham y A. Keating, Critical Reviews in Oncology/Hematology 2000, 36: 27 - 48). La investigación de tales estrategias terapéuticas celulares, haciendo la salvedad de los criterios éticos ligados a la experimentación clínica, parece ser moralmente aceptable por las mismas razones que hacen lícito el recurso a las células estaminales heterólogas de tejido adulto o de cordón umbilical. En este caso, además, no se pone el problema de la toma de la muestra de un donador y de las condiciones de licitud y validez del consenso. Quienes en cambio, pretenden proseguir con la investigación de las células estaminales de origen embrionario proponen desde hace unos años una vía que ha sido indicada por varios autores e instituciones de reconocida autoridad científica como "clonación terapéutica". Aún prescindiendo de toda consideración sobre lo equívoca que puede ser tal expresión en el debate público, (es evidente para los estudiosos de las disciplinas interesadas en el tema la diferencia de tal procedimiento respecto a la "clonación reproductiva", que considera el desarrollo del organismo clonado hasta el nacimiento), no hay duda de lo que implicaría tal procedimiento: el retiro del núcleo (diploide) de una célula somática del paciente y su inserción en una célula huevo (ovocito) privada de su núcleo (ovocito enucleado u ovoplasto). La nueva célula epigenéticamente totipotente que se obtiene de esa manera, (cigoto o embrión unicelular clonado, con el mismo genoma nuclear del paciente), luego de ser activada con iones estroncio o mediante impulsos eléctricos, inicia el desarrollo embrionario, como lo documenta toda la literatura sobre la clonación de mamíferos por transferencia de núcleo. Llegado al estadío de blastocisto (aproximadamente a los 5 días de desarrollo), el embrión sería sacrificado para extraerle las células de la masa interna (el embrioblasto), de las cuales se obtendría un cultivo de células estaminales (ES) autólogas respecto al paciente. La autorización para que a través de este proceso sean creados embriones humanos clonados destinados a la investigación de células estaminales, ha sido recientemente sugerido por el Informe Donaldson (Stem Cell Research: Medical Progress with responsability, Londres 2000); éste y otros documentos a veces prefieren utilizar la expresión "sustitución del núcleo de la célula" (cell nuclear replacement) en vez de "clonación terapéutica", pero en todos ellos no ha faltado la explícita referencia a la generación de un embrión humano - aun cuando se encuentre en los primeros estadíos de su desarrollo - como el resultado previsto e ineludible de tal proceso. Frente a este acto de clonación y sus consecuencias para el embrión humano, el juicio moral es absolutamente inaceptable (Cfr. Juan Pablo II, Discurso cit., p.1; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Vitae, 22 de febrero 1987, I, 6, en AAS 1988, 80: 84-85; Pontificia Academia para la Vida, Declaración sobre la producción y uso científico de las células estaminales humanas, en L'Osservatore Romano, edición en italiano, 25 de agosto 2000, p.6); ya que "el uso de los embriones o fetos humanos como objeto de experimentación constituye un delito respecto a su dignidad de seres humanos, que tienen derecho al mismo respeto que se tiene a un niño ya nacido y a todas las personas" (Carta Enc. Evangelium Vitae, 63; Cfr. Carta de los Derechos de la Familia, Ciudad del Vaticano, 1983, art. 4b). La generación de un embrión humano por clonación con el fin de utilizarlo como fuente de células estaminales destinadas a cultivo y a la diferenciación y posteriormente al injerto en el cuerpo del paciente donante del núcleo de célula somática para el proceso de la clonación, es una acción indigna de la persona humana porque se opone a su bien, y ninguna buena intención o circunstancia particular es capaz de eliminar el mal de tal acción. Ni siquiera la debatida circunstancia del estado de necesidad en el cual se encontrarían actualmente las investigaciones sobre las células estaminales y la terapia genética somática (ligadas a la manipulación de las células estaminales) - que según algunos se debe a la aparente imposibilidad de encontrar otra manera de disponer de células estaminales autólogas idóneas - permite modificar la especie moral de la clonación humana, aunque ésta se limite sólo al embrión, la cual no puede ser objeto de un acto positivo de la voluntad, aunque su intención sea la de salvaguardar o promover un importante bien individual como es la salud. Si se observa atentamente, no faltan alternativas válidas para obtener células estaminales autólogas o para hacer posible la terapia genética somática, aunque parezca - según ciertos estudiosos - que la vía que se vale de los tejidos del mismo paciente o del cordón umbilical es más larga y trabajosa. Pero la tensión por el bien de todos y cada uno de los hombres y del hombre en su totalidad - en el respeto y la promoción de su vida y de su dignidad, desde la concepción hasta la muerte - que en última instancia es lo único que puede justificar la noble empresa de la investigación científica y salvaguardar el prestigioso crédito que ha conquistado para sí en la sociedad contemporánea, da plenamente la razón a una opción que podría ser más trabajosa para los estudiosos y que podría prolongar el tiempo necesario para encontrar una solución al problema de la terapia celular y genética.

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Recientemente ha sido propuesta públicamente una nueva e hipotética vía para la producción "directa" de células estaminales inmunologicamente compatibles con el organismo del paciente, sin pasar a través de la formación de un embrión: la llamada "transferencia de núcleo para la producción de células estaminales autólogas, TNSA. Parecen nuevas tanto las siglas como la descripción sumaria del resultado citológico al que podría llevar semejante procedimiento de transferencia nuclear, pero no así el procedimiento de transferencia en sí mismo. Dicho proceso contempla la inserción de un carioplasto (núcleo de una célula somática) en un citoplasto de ovocito (célula huevo enucleada u ovoplasto), siendo por tanto idéntico al procedimiento reportado para la "clonación terapéutica". El fin de la TNSA seria el de "reprogramar el núcleo de células somáticas tomadas del paciente mediante el contacto con el citoplasma de un ovocito" enucleado. Tal reprogramación - que hasta hoy no se logra ni fácilmente ni a repetición en todos los núcleos de células somáticas de mamífero - es la base del éxito de toda clonación por transferencia de núcleo (Cfr. T. Kono, Review of Reproduction 1997, 2: 74-80; J. Fulka et al., Bioessays 1998, 10: 245-252). Los argumentos a favor de ésta tesis sostienen que la TNSA no conduciría a la formación de un cigoto con posterior desarrollo de un embrión sino a una proliferación celular de tipo diferente. Esta singular afirmación requiere ser estudiada con atención ante todo bajo la observación de la documentación científica que todavía se espera que sea mostrada. Quienes proponen este procedimiento afirman que "un ovocito reconstituido con el núcleo de una célula somática adulta no puede considerarse un cigoto en sentido clásico, en cuanto no deriva de la unión de dos gametos". Si lo que se pone en relevancia no es algo puramente formal y terminológico sino que pretende tener una referencia empírica, no resulta evidente en modo inmediato a que diferencia epigenética decisiva se refiera tal afirmación, considerando que a partir de lo que ahora se le llama "ooctio reconstituido" ya se han desarrollado en el pasado - al menos en un cierto numero de casos y para algunas especies - embriones semejantes a aquellos derivados de la fertilización, en grado de implantarse regularmente (si bien con un limitado éxito, pero eso es verdad también para algunas técnicas de fecundación in vitro) y de dar a luz un animal clonado. Por lo demás, los autores que describen sus propios estudios sobre la clonación usan normalmente términos (en la literatura inglesa: zygote, one-cell embryo, two-cell embryo, . . ., blastocyst) idénticos a aquellos empleados por los colegas que estudian la fertilización in vitro y el desarrollo embrionario precoz. La invocada necesidad de "estímulo artificial" para iniciar el desarrollo embrionario después de la transferencia del núcleo no encuentra su razón de ser en una pretendida indeterminación (o plurideterminación) del cigoto clonado respecto a su destino epigenético, sino en la ausencia de la activación natural de la célula huevo por obra de los espermatozoides (mediante la inducción de oscilaciones en la concentración intracelular de los iones calcio), como lo confirma ampliamente la literatura y ha sido recientemente escrito por un notorio estudioso de clonación animal (R.S. Prather, Science, setiembre 2000, 289: 1886-1887): "El estímulo para la activación proporcionado después de la transferencia de núcleo [está] destinado a simular la señal proporcionada por el espermatozoide en la fertilización" (p. 1886). En cuanto a la posibilidad de que el "ovocito reconstituido" pueda "ser inducido a proliferar y a encaminarse a la formación de esferas embrioides (no de blastocistos) cuya diferenciación puede ser dirigida hacia específicos tipos celulares", si el término "esfera embrioide" pretende indicar lo que la literatura llama "cuerpos embrioides" (embryoid bodies, EBs) o a veces también "cuerpos embrioides quísticos" (cystic embryoid bodies, CEBs), se debe reconocer que ellos podrían constituir un surtidor de elementos histológicos pre-diferenciados y diferenciados de tipo heterólogo (si no es que no son derivados de la transferencia de núcleo) o autólogo (si son obtenidos mediante la transferencia del núcleo de una célula somática en un ovocito enucleado), potencialmente útiles para la terapia celular y genética somática. Efectivamente, la literatura de los últimos treinta años documenta abundantemente que los "cuerpos embrioides" contienen células multipotentes pluriestratificadas y diferenciadas (células de la línea hematopoiética, endotelial, muscular, neuronal, etc.) y también cavidad y elementos morfogenéticos que hacen recordar los de las primeras fases del desarrollo peri-implantatorio y post-implantatorio de los embriones. Pero no se puede negar el hecho que los "cuerpos embrioides" hasta ahora estudiados in vitro han sido producidos a partir de líneas de células estaminales embrionarias (ES), y no en el sentido inverso. Más aún, justamente la capacidad de dar origen in vitro e in vivo a "cuerpos embrioides" es considerada, junto con la teratogenicidad en el ratón inmunodeficiente, una de las pruebas más evidentes de la "estaminalidad" (stemness) de los cultivos de células embrionarias derivadas de la masa celular interna del blastocisto (para las ES humanas véase: J.A. Thomson et al., Science 1998, 282: 1145-1147). Para obtener in vitro "cuerpos embrioides" animales y humanos, e aislar de ellos líneas celulares específicas, hasta hoy día se ha debido pasar a través del cultivo de células estaminales (ES) derivadas del embrión (Cfr. por ejemplo C. Gimond et al., Differentiation, octubre 2000, 66: 99-105; A. Rovira et al., Blood, diciembre 2000, 96: 4111-4117; A. Gualandris et al., Molecular Biology of the Cell, diciembre 2000, 11: 4295-4308), y ningún estudio hasta ahora ha mostrado que sea posible llegar a éstas estructuras "directamente" desde un ovocito fertilizado o sometido a una transferencia de núcleo. Considerados los datos empíricos expuestos líneas arriba, además de otros, la hipótesis de la TNSA parece no estar suficientemente corroborada por las evidencias experimentales de los conocimientos científicos dados a conocer públicamente; y se presenta como una discontinuidad respecto a las líneas de investigación sobre células estaminales embrionarias, humanas o animales, que hasta ahora han sido conducidas en los laboratorios. Sin embargo, en línea de principio no se puede excluir - a causa de la rápida evolución de las conciencias en este campo y de la reserva con la que algunas investigaciones científicas se llevan a cabo en ciertas instituciones científicas - que la innovadora vía que llevaría a las células estaminales autólogas pueda mostrarse efectivamente viable en los términos en que ha sido propuesta, es decir, sin pasar a través de la formación de un embrión en ninguno de sus estadíos de desarrollo, desde el unicelular en adelante. El juicio moral sobre la licitud o no de tal investigación en campo humano - o sea la TNSA mediante transferencia de núcleos de células somáticas humanas en ovocitos enucleados y en otras células de la línea germinal humana o animal, o en células embrionarias todavía capaces de dar origen a un embrión - queda en suspenso ante la falta de una adecuada identificación de la materia (objeto físico o genus naturae) de la acción, la cual, según la tradición de la teología moral (Summa theologiae, I - II, q. 1, a. 3, ad 3; q.18, a.5, ad 3; cfr. M. Rhonheimer, Natur als Grundlage der Moral, Innsbruck-Wein 1987, pp.367 ss.) concurre junto al objeto moral (genus moris) a definir el objeto propio del acto humano. Sin embargo, que tal juicio quede en suspenso, no exime de la obligación moral de abstenerse de toda acción que pudiera implicar la clonación de un embrión humano y su destrucción: in dubio pars tutior eligenda est. Por cuanto concierne la experimentación del TNSA, o de técnicas similares, con recurso a núcleos de células somáticas animales y de ovocitos animales, en cambio ella parece lícita y más aún necesaria para clarificar, como es debido, la naturaleza real del proceso que se intenta promover y sus implicancias biológicas y clínicas. El costo de demostrar que la TNSA no comporta la generación de un embrión en ningún estadío del desarrollo corre por cuenta de los postuladores de la nueva vía hacia las células estaminales autólogas. Sin embargo, una evidencia semejante no podrá fundarse sobre la construcción de una distinción conceptual, con pretensión de referencia empírica, entre estructura biológica "pre-organísmica" o "pre-embrionaria" (hasta el estadío de blastocisto) y organismo embrionario "propio" (después del implante), ya que dicha partición del desarrollo embrionario humano resulta arbitraria, sea bajo el punto de vista de las propiedades que identifican el proceso biológico en cuestión (coordinación, continuidad, gradualidad), sea en relación con la determinación convencional de estadío morfológico-temporal del mismo, todavía en vigor en la biología del desarrollo de los mamíferos (Cfr. por ejemplo, S.F. Gilbert, Developmental Biology, 6ª ed., St. Louis, Londres 2000). Como tal, esta distinción conceptual no es decisiva en la definición del estatuto ontológico del embrión humano al inicio de su desarrollo. Incluso, si subsistieran dudas insolubles sobre la naturaleza de la entidad que ha sido producida mediante al TNSA, tanto es lo que se arriesga que desde el punto de vista de la obligación moral, bastaría la sola probabilidad de encontrarse de frente a un embrión para justificar la más neta prohibición de una aplicación de tal procedimiento en campo humano (Cfr. Carta enc. Evangelium vitae, 60). Lo razonable y lo conveniente de un proceso científicamente riguroso y éticamente guiado en la investigación de una terapia para diferentes enfermedades que afligen la vida de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, continúa siendo percibida por parte de numerosos estudiosos y médicos como una correspondencia natural con la propia conciencia y vocación profesional, como ha recordado el Santo Padre a los participantes en dos congresos científicos: "Esta 'guía de la ética' no quita nada, naturalmente, a la independencia epistemológica de los conocimientos científicos. Más bien, ella asiste a la ciencia en el cumplimiento de su más profunda vocación, que es el servicio a la persona humana. Cada conocimiento de la verdad - incluso la verdad científica - es un bien para la persona y para toda la humanidad. Pero como vosotros sabéis, la verdad conocida a través de la ciencia puede ser usada por la libertad humana para fines se oponen al bien del hombre, el bien que la ética conoce. Cuando en una civilización la ciencia se separa de la ética, el hombre está continuamente expuesto a graves riesgos. El amor por la persona humana deriva de una visión de la verdad del hombre, de su dignidad y de su incomparable valor" (Juan Pablo II, Insegnamenti 1984, VII/1: 1637-1642, pp. 1638-1639).

Prof. Juan de Dios Vial Correa
PresidentePontificia Academia para la Vida

Mons. Elio Sgreccia
Vice - Presidente Pontificia Academia para la Vida


(Texto original de "L'Osservatore Romano", edición en italiano, 5 de Enero 2001, p.6)