ROMA, 9 sep (ZENIT).- «Quienes apoyan la eutanasia afirman que la medida tiene como fin sólo los casos extremos de enfermos terminales, pero del análisis que hemos realizado sobre las primeras 68 personas que Jack Kevorchian «ayudó a morir» resulta que sólo 14 eran enfermos terminales, uno de ellos no tenía ninguna enfermedad, muchos de ellos sufrían depresión y en su mayor parte eran personas solas, sin ayuda». Así Richard Thompson, abogado de Michigan (EE.UU.), entre los primeros en acusar a Jac Kervochian, el famoso «doctor muerte», por el reato de homicidio, ha abierto esta mañana en la sede de la Ponitificia Academia para la Vida, la rueda de prensa de presentación del Congreso Internacional «El ocaso de la vida».El congreso está organizado por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y el Instituto de Bioética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, con la intención de proporcionar una respuesta orgánica y completa a las diversas propuestas de legalización de la eutanasia que están surgiendo en varias partes del mundo. Thompson ha indicado que «una vez que se agilice el suicidio asistido, será luego muy difícil controlar los ámbitos en los cuales pueda ser aplicado. Cualquier persona, enferma o sana, podrá pedir ser asesinada». La abogada Rita Marker, directora del Grupo de Operación Internacional Anti-Eutanasia, explicó que «hay una gran confusión sobre el significado de los términos eutanasia y suicidio asistido. Muchos piensan que estas palabras están ligadas a la práctica de “dejar morir” pero se engañan porque en la practica de la eutanasia y del suicidio asistido hay persoma que mata a otras personas».
La señora Marker ha revelado que «hay un solo lugar del mundo en el que el suicidio asistido ha sido legalizado, en el estado de Oregón (EE.UU.). En Oregón es la administración estatal quien paga las píldoras para hacer morir a las personas. Mientras la misma administración niega las medicinas a las personas que están muy enfermas». «Quienes apoyan el suicidio asistido hablan de libre elección por parte de los enfermos —añadió Marker— pero esto es verdad sólo para algunas categorías de personas que son muy ricas y que pueden permitirse todo tipo de tratamientos antes que dejarse morir. Para los pobres que no tienen dinero la única medicina que se les ofrece es la de morir». «Quienes apoyan el suicidio asistido —indicó Marker— dicen que combaten para garantizar a los enfermos el derecho a morir. En realidad con la legalización de la eutanasia damos todo el poder a los médicos que podrán decidir la vida de cada uno, mientras que los pacientes contarán menos que nada».Monseñor Elio Sgreccia, vicepresidente de la Pontificia Academia para la Vida, subrayó que «existe una campaña mundial de apoyo a la legalización o despenalización de la eutanasia y del suicidio asistido», y a este propósito ha hecho notar que «sólo en los últimos meses han sido hechas propuestas en este sentido en Holanda, Luxemburgo, Bélgica y Sudáfrica. En Dinamarca, una comisión esá elaborando un estudio preparatorio y en América Latina sentencias de tribunales locales están abriendo el camino hacia legislaciones permisivas, como esta sucedendo en Colombia». Monseñor Sgreccia se ha mostrado muy preocupado por la tendencia economicista que está determinando la reforma sanitaria porque esto podría favorecer la tentación de abreviar la vida a los enfermos más graves y ancianos.