VENDA DE TECIDOS HUMANOS
Esta semana el Chicago Tribune (21 y 22/5/00) ha publicado un estudio detallado sobre la industria de la venta de órganos y tejidos de las personas fallecidas en Estados Unidos. Con frecuencia los familiares de los recién difuntos son presionados para que den su permiso para la extracción de partes de los cuerpos, bajo el pretexto de que ello será una contribución importante para la investigación científica.
No obstante resulta que en muchas ocasiones las partes de los cuerpos son destinadas a fines comerciales. Se calcula que un cuerpo puede incluso llegar a valer unos ochenta mil dólares. El periódico cuenta el caso de Jim Badsley, dueño desde hace 14 años de empresas en el campo de la venta de tejidos. El año pasado sus actividades le proporcionaron un millón y medio de dólares en ganancias.
Aunque el gobierno presta atención al uso de órganos vitales como el corazón, hay poca regulación sobre lo que sucede con otras partes del cuerpo: huesos, ojos, tendones, etc. En teoría un cuerpo podría proporcionar más de 130 tejidos distintos, que valdrían 230.000 dólares. En la práctica no se toma todo y un cuerpo vale un promedio de 80.000 dólares.
La piel es vendida para cirugía plástica, incluyendo las operaciones cosméticas para engordar los labios y otras partes del cuerpo. Los tendones de las rodillas son extraídos para reemplazar tendones en personas que se los han roto en el deporte. Las válvulas de los corazones también son extraídas.
Aunque la ley federal prohibe la compra-venta de órganos y tejidos con fines comerciales, permite que se pueda cobrar por los costes razonables de recoger y distribuir ese material. En la práctica no existe casi ningún control sobre los precios que se cobran para recuperar los gastos y eso permite la actividad de una industria muy lucrativa. Los ingresos de los diez mayores bancos de órganos de Estados Unidos alcanzaron en 1998 los 230 millones de dólares, en comparación con los 183 millones de dos años atrás.
Una de las preocupaciones en la investigación del Chicago Tribune fue el hecho de que muchas de las familias de las personas difuntas desconocen qué sucede al dar su permiso para la extracción de los tejidos. Los artículos citaron los casos de diversas familias que no se dieron cuenta de la cantidad de tejidos extraídos, ni la finalidad comercial que se daba a ese material.
Mientras, para las autoridades federales su preocupación frente al floreciente comercio en tejidos es la cuestión de la seguridad. Los
bancos de órganos deben contar con estrictos controles para prevenir el uso de tejidos contaminados por cualquier enfermedad. Sin embargo, una investigación del Congreso de 1997 encontró que las autoridades federales no tenían un registro universal de todos los bancos de tejidos del país y por lo tanto, no pueden comunicarles información en caso de emergencias sobre la seguridad de los tejidos. Además, nunca ha habido un caso criminal contra los bancos de órganos, a pesar de numerosos asuntos de fraude y peligro para la salud pública. Normalmente los transgresores reciben una reprimenda escrita.Actualmente en Estados Unidos aproximadamente 600.000 personas reciben tejidos donados anualmente. Las operaciones van desde el injerto de pedazos de huesos en la espalda, al trasplante de venas en las piernas y el reemplazo de válvulas del corazón. También están las operaciones de cirugía cosmética. Una válvula del corazón puede valer hasta siete mil dólares y los tendones de la rodilla dos mil quinientos dólares.
Dado que no se pueden conseguir para esta industria suficientes tejidos dentro del país, también se importan de otros lugares. Asimismo las partes del cuerpo que sobran son exportadas. Sin embargo, la investigación del periódico reveló que en el pasado ha habido peligros por la importación y exportación de órganos sin control de enfermedades.
Se supone que cada órgano o tejido importado debe ir acompañado de documentación para certificar que proviene de un cuerpo libre de enfermedades. Sin embargo, en la práctica resulta muy difícil controlar esa documentación y ya se han dado casos de personas que han muerto por enfermedades contraídas de los tejidos transplantados. Durante la última década más de cincuenta muertos en todo el mundo han sido asociados al uso de tejidos infectados procedentes de Alemania.
Otros problemas surgieron con los tejidos importados de Rusia a partir de 1992. En aquel año un instituto en Moscú comenzó a exportar lo que al final serían más de 5.600 pedazos de tejidos de 228 cadáveres. Supuestamente los tejidos recibieron control de enfermedades. No obstante, cuando las autoridades federales investigaron resultó que había partes contaminadas de hepatitis. Además, a los familiares no se les había pedido permiso para extraer los tejidos, algo que implica que tampoco fueron consultados acerca de si el difunto consumía drogas, tenía SIDA, etc. En 1993 las autoridades publicaron una orden para confiscar todos los tejidos provenientes del instituto de Moscú y lograron recuperar el 90%. Pero no hubo ninguna acción legal contra los agentes de Estados Unidos involucrados en la importación de los tejidos, aparte de una carta de admonición.